EXTRACTO DE LA NOVELA KADDISH POR EL HIJO NO NACIDO DE IMRE KERTÉSZ
“¡No!”, enseguida, en el acto, sin titubear y de manera como quien dice instintiva, sí, todavía instintiva, por el momento sólo instintiva, aunque fuera con instintos que trabajan contra mis instintos naturales, pero que ya se convierten – se convirtieron – en mis instintos naturales y, más aún, en mi propia naturaleza; este “no” no era pues una decisión en el sentido de tomar una decisión libre entre un “sí” y un “no”, no, este “no” era una reconocimiento, no una decisión que yo tomaba o podía tomar, sino una decisión respecto a mí, que de hecho no era una decisión, sino el reconocimiento de mi condena, y a lo sumo sólo puede considerarse una decisión en tanto que no decidí contra la decisión, lo cual sin duda habría supuesto una decisión errónea porque cómo puede el hombre decidir contra su destino, para usar este término tan pedante por el cual entendemos aquello que menos entendemos, o sea, a nosotros mismos, es decir, el factor pérfido y desconocido que no cesa de trabajar contra nosotros y al que nosotros, ajenos y enajenados, inclinándonos ante su poder con una sensación de repugnancia, por así decirlo, simplemente denominamos nuestro destino. Y si no quiero ver mi vida sólo como una sucesión de azares arbitrarios posteriores al azar arbitrario de mi nacimiento – lo cual sería, cómo expresarlo, una visión bastante indigna de la vida –, sino más bien como una serie de conocimientos en los cuales mi orgullo, al menos mi orgullo, encuentra cierta satisfacción, la pregunta que se perfiló en presencia y, hasta podría afirmar, con la asistencia del doctor Obláth: mi existencia vista como posibilidad de tu ser, se modificó de la siguiente manera a la luz de la serie de conocimientos y a la sombra del tiempo que pasaba: tu no-existencia como liquidación radical y necesaria de mi existencia. Porque sólo así adquiere sentido todo cuanto ocurrió, cuanto hice y cuanto me hicieron, sólo así tiene sentido mi vida absurda y también el hecho de proseguir aquello que empecé, o sea, vivir y escribir, lo uno o lo otro, ambas cosas a la vez, porque el bolígrafo es mi pala, cuando miro adelante miro única y exclusivamente atrás, cuando me concentro en el papel, miro única y exclusivamente el pasado: y atravesó una alfombra de color azul verdoso como si fuese el mar (…)
No hay comentarios:
Publicar un comentario