Había recibido el pequeño objeto que ahora veía de su madre cuando tenía cerca de diez años. Era una época feliz, así lo recordaba con placer durante las tardes lluviosas con su vista hacia la calle y alguna bebida caliente en la mano, como era aquélla. La relación que había llevado con su madre había sido, haciendo una suma total, de entendimiento general, hubiera querido decir de comprensión, pero en realidad no había sido así. Su madre y ella juzgaban al mundo y a las personas de manera distinta, tenían diferentes aspiraciones, sin embargo, había llegado a un punto en el que se había establecido entre ellas un acuerdo de aceptación mutua y de respeto a la diferencia amalgamado por una relación afectiva que podría definirse como amor respetuoso… era un tipo de amor más bien individualista, libertario, y no el exasperante amor pasional de otras familias; un amor a la Mann en pocas palabras.
Recordaba a su madre con cariño genuino, pero no la añoraba; al menos no a la madre que ella había tratado día con día a lo largo de los cincuenta años que la conoció; sino que añoraba un amor que nunca tuvo de su madre pero que siempre deseó, y que finalmente terminó por no pedir una vez adulta… hace falta entender que las personas tienen limitaciones y que, en el caso de su madre, había hecho lo mejor que pudo dadas sus limitaciones.
Le parecía que aquel objeto que tenía ahora en sus manos, un pequeño portapapeles con un lápiz a forma de cerrojo con la figura de una niña en el frente, contenía un mensaje que su madre había querido decirle. Había sido, quizá, el único momento en el que creyó haber recibido el tipo de amor que había deseado de niña, un amor más cercano. Ahora le parecía como si su madre supiera, cuando ella era apenas una niña, que le haría falta tener un objeto para que no añorara algo que su madre no pudo darle.
Acarició el objeto como en ocasiones lo hacía con la cara y la mano de su madre. Sonrió levemente como si fuera el único guardián de algún secreto importante y pronunció el nombre de su hija que ahora cumplía diez años. La niña quedó encantada con su nuevo regalo, le gustaría escribir.
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